Mientras el ejército de EE. UU. se enfrenta a supuestos carteles de droga venezolanos mediante ataques navales, la administración Trump reabre viejas heridas al reocupar bases cerradas en Puerto Rico.
El mes pasado, el presidente Trump envió buques de guerra a aguas internacionales frente a la costa de Venezuela. Esta acción fue respaldada por aviones de combate F-35 que aterrizaron en Puerto Rico como parte de una operación contra los carteles de droga.
Los residentes puertorriqueños del vecindario de Humboldt Park figuran entre quienes muestran preocupación.
“Es una movida opresiva por parte de Estados Unidos”, dijo Alexis Figueroa, residente puertorriqueño de Humboldt Park.
Territorio no incorporado de Estados Unidos desde su invasión en 1898, Puerto Rico se ubica entre el mar Caribe y el océano Atlántico. Esto lo posiciona en la principal ruta de entrada y salida del Caribe, explicó Margaret Power, profesora jubilada de historia latinoamericana en el Illinois Institute of Technology.
Power señaló que Puerto Rico “ha cumplido una función militar clave para Estados Unidos”.
Desde la década de 1940, la Marina estadounidense utilizó islas menores del archipiélago —un grupo de islas compuesto por una isla principal y otras más pequeñas— para ejercicios militares.
La Marina fue expulsada de la isla a principios de los 2000 debido a preocupaciones sobre la seguridad y la salud de los residentes de Vieques.
Vieques, una de las islas menores, hogar de más de 8,000 puertorriqueños.
“La Marina de EE. UU. la tomó, empujó a la gente hacia el centro de la isla y se apropió de dos tercios del este y del oeste para prácticas de tiro y maniobras navales”, dijo Power.
La Marina “prometió limpiar todas las municiones sin detonar que quedaron en la isla”, añadió Power sobre las armas y municiones abandonadas.
“No ha pasado nada con la limpieza. Dijeron: ‘Se acabó. Nos vamos’”.
Estudios han demostrado que las tasas de cáncer en Vieques son mucho más altas que en la isla grande de Puerto Rico. Algunos residentes alegan que el cáncer está relacionado con las pruebas militares, aunque el gobierno aún estudia esas afirmaciones.
Chicago cuenta con una de las comunidades puertorriqueñas metropolitanas más grandes en Estados Unidos, por lo que estos movimientos militares han provocado fuertes sentimientos aquí, según Labault Labault, empresaria puertorriqueña y residente de Humboldt Park.
“La idea de que literalmente estés de turista, en la playa pasando un buen día —tocas algo y (podría ser) una bomba”, dijo Labault.
Willmynett Díaz, también empresaria puertorriqueña, lamentó el impacto de los campos de bombardeo de EE. UU. en Vieques.
“La gente no puede sembrar allí. … Hay áreas muy limitadas donde pueden vivir”, dijo Díaz.
Además de los problemas de cosecha, el Congreso aprobó la Ley Jones en 1920, que establece que Puerto Rico solo puede importar productos “entre puertos estadounidenses en barcos construidos en EE. UU., de propiedad estadounidense y tripulados por ciudadanos estadounidenses”.
“Los impactos económicos y sociales en esa pequeña isla fueron desastrosos, y todavía sentimos las repercusiones de eso”, dijo Figueroa, residente de Humboldt Park.
“Las (antiguas) bases todavía están ahí”, añadió Figueroa. “Y están listas para una guerra en un minuto”.
Con las fuerzas estadounidenses reactivando bases militares cerradas durante décadas, la comunidad puertorriqueña tiene sentimientos encontrados.
El Departamento de Guerra de Estados Unidos, anteriormente conocido como Departamento de Defensa, no respondió a las solicitudes de comentarios de La DePaulia. Sin embargo, según The Associated Press, durante una visita a Puerto Rico el mes pasado, el secretario de Defensa Pete Hegseth habló con miembros del ejército estadounidense destacados en la isla.
“No se equivoquen: lo que están haciendo ahora no es entrenamiento. Esto es un ejercicio real en defensa del interés nacional vital de Estados Unidos para poner fin al envenenamiento del pueblo estadounidense”, dijo Hegseth.
Labault teme que la administración Trump esté minimizando lo que ocurre.
“Algo que he notado es que no he escuchado mucho al respecto”, dijo Labault. “Está pasando desapercibido”.
Mientras tanto, Power, profesora jubilada de historia latinoamericana, afirmó que Puerto Rico puede hacer poco para controlar cómo las bases militares reabiertas impactarán la vida de sus residentes.
“Los puertorriqueños no tienen voz ni voto en su destino”, dijo Power. “La gente todavía no tiene poder”.
Nota del editor: Laura Vázquez David y LiLi Jarvenpa contribuyeron a este reportaje.
Traducido al español por Laura Vázquez David.
Esta historia fue actualizada el 14 de octubre de 2025 para aclarar y añadir más información.
