No sé cómo comenzar esta carta. ¿Cómo puedo empezar a decir adiós cuando todavía no asimilas que es una despedida? La vida está llena de ciclos que se abren y se cierran, pero ¿cómo puedes cerrar un ciclo que abrió tantas puertas?
Quiero creer que este ciclo —la escuela graduada— nunca se cerrará. Las amistades que he hecho, las experiencias que he vivido, las risas, las lágrimas, se quedarán conmigo para siempre.
Soy una egresada orgullosa de la Universidad de Puerto Rico Recinto Recinto de Río Piedras. Mi mamá, Tania David, también es egresada y actualmente es una de las decanas de la Facultad de Ciencias Sociales. Mi papá, Jorge Giovannetti, es profesor graduado de sociología en la universidad y también exalumno. Asistí a sus escuelas laboratorio desde kínder hasta secundaria. Sabía a qué universidad iba a asistir antes de entender siquiera qué era la universidad.
La universidad moldeó quiénes somos, tanto profesional como personalmente. Nunca imaginé cómo sería la vida en otra institución, ni que tan orgullosa podría sentirme de una universidad de la que no he formado parte por mucho tiempo — hasta que busqué en Google “maestría en periodismo deportivo en Chicago” y encontré a DePaul.
Mientras terminaba mi bachillerato en periodismo en Puerto Rico, sabía que quería continuar estudios graduados y mudarme a Estados Unidos. Me di cuenta de que una cosa es soñar despierta con mudarte a una gran ciudad y otra muy distinta es empacar tus maletas y despedirte de tu familia en busca de un sueño.
Aunque DePaul nunca estuvo en mis sueños, las experiencias que me ha brindado definitivamente sí lo estaban. The DePaulia y La DePaulia han sido los aspectos más importantes de esas experiencias. Trabajar para una publicación y adquirir experiencia real en periodismo cambió mi vida.
Los mejores momentos de mi tiempo en DePaulia no fueron los grandes titulares ni la cantidad de clics. Fueron todos los viernes en la oficina, la pizza de Sbarro y todos los mensajes de “¿esta historia está lista para traducir?”. Esta última es mi favorita porque es lo único que jamás imaginé hacer en mi carrera periodística. Poder traducir historias me permitió demostrar mis habilidades bilingües y, al mismo tiempo, ayudar a otras personas a aprender español.
En DePaulia aprendí que los medios estudiantiles son medios de comunicación, y que debemos comportarnos como tal. Salimos a cubrir en el terreno, verificamos datos, cumplimos con fechas de entrega y nos hacemos responsables de nuestro trabajo.
El trabajo que hacemos impacta a nuestra comunidad y a nuestros compañeros — y aun así, sigo luchando con una versión del síndrome del impostor.
Muchas veces no me siento como una periodista “real” porque todavía no tengo un trabajo de tiempo completo en una sala de redacción (aún).
Eso cambió la mañana del 15 de enero, cuando exjugadores de DePaul fueron acusados formalmente por cargos relacionados con apuestas deportivas. Fue momento de aplicar todo lo que había aprendido en mis clases y hacer “periodismo con P mayúscula”, como mis amistades y yo llamamos en broma a las historias grandes que cubrimos. Hacer “periodismo con P mayúscula” significó ser meticulosa con mis palabras y comunicar información compleja de una manera que la audiencia pudiera comprender.
Con la ayuda del equipo de deportes y los gerentes, logramos redactar una historia exhaustiva, basada en hechos, contexto legal y un compromiso con la precisión informativa, en un día en que además teníamos clases y otras responsabilidades.
Es curioso pensar que una de las primeras veces que realmente me sentí periodista fue al final de la escuela graduada — pero, ¿no es ese el propósito? ¿Formar estudiantes mejores y listos para entrar al mundo del periodismo?
DePaulia no sólo me enseñó periodismo. Me demostró que pertenezco a él.
